[Columna] Profesor Rodrigo Ojeda «La Práctica: proceso que transforma al profesorado del futuro»

La formación de un profesorado capaz de responder a los desafíos sociales actuales exige avanzar hacia una concepción de la práctica que trascienda la mera aplicación de los conocimientos adquiridos en la universidad. La formación práctica debe constituirse en un proceso en el que el futuro profesorado fortalezca las competencias específicas y genéricas que le permitan no solo observar, implementar y evaluar propuestas pedagógicas, sino también reflexionar tanto sobre sus decisiones como las de los profesores que colaboran en su formación. Esta perspectiva es coherente con los actuales criterios de calidad de la Comisión Nacional de Acreditación, que sitúan la práctica como un componente central de la formación docente.


A partir de lo anterior, la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Temuco ha asumido este desafío a través de su Modelo de Práctica, concebido como un proceso progresivo, articulado, recursivo y reflexivo, que busca integrar saberes pedagógicos, disciplinares y didácticos para tomar decisiones fundamentadas en contextos reales y diversos.


Íntimamente vinculada con lo anterior, la reflexión se concibe en el Modelo como un proceso sistemático orientado a comprender y transformar la práctica. No significa solo describir lo ocurrido en una clase, sino interrogar la propia actuación a partir de evidencias y marcos profesionales. Asimismo, la reflexión no se entiende solamente de manera individual, sino como un proceso acompañado y dialógico. Nuestro modelo, por tanto, releva la importancia de la tríada formativa, la interacción constante y dialogante entre profesorado en formación, profesores/as de práctica de la Universidad y colaboradores de los centros de práctica. Reconoce, asimismo, la importancia del Marco para la Buena Enseñanza y de los Estándares de la Profesión Docente, que deben ser conocidos y utilizados por parte del profesorado en formación como referentes para analizar su desempeño, reconocer sus fortalezas e identificar aspectos deficitarios, teniendo siempre como horizonte mejorar los aprendizajes de niños, niñas y jóvenes de los centros educativos.


Finalmente, se hace necesario enfatizar que el profesorado en formación debe experimentar aquello que se espera de él como futuro profesional. Si aspiramos a formar docentes reflexivos, innovadores, colaborativos e inclusivos, nuestras propias prácticas formativas deben ofrecer esas experiencias. Solo así la práctica podrá constituirse en un espacio para interrogar, fortalecer, y transformar la profesión docente.

Rodrigo Ojeda | Director de Depto. de Didáctica y Práctica